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Espacio Literario
Escrito por Redacción    Domingo, 20 de Junio de 2010 00:00    PDF Imprimir E-mail
¿Qué significa media naranja?

Más veces de las imaginadas escuchamos la expresión amorosa "la media naranja", hoy le contamos cuando se origino, según narra el poeta de comedias griego Aristófanes en la obra de Platón llamada "El Banquete".

Contaba Aristófanes que, en un principio, la raza humana era casi perfecta. Los seres eran esféricos como naranjas; tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse rodando. Estos seres podían ser de tres clases: uno, compuesto de hombre + hombre, otro de mujer + mujer y un tercero (el ’andrógino’), de hombre + mujer.

Su vanidad les llevó a enfrentarse a los dioses creyéndose semejantes a ellos. Zeus los castigó partiéndolos por la mitad con un rayo; y mandó a Hermes que a cada uno le atara la carne sobrante en torno al ombligo. Ya repuestos, los seres andaban tristes buscando siempre a su otra mitad, y si alguna vez llegaban a encontrarse con ella, se enlazaban con sus brazos hasta dejarse morir de inanición.

Zeus, compadecido por la estirpe humana, ordenó a Hermes que les girase la cara hacia el mismo lado donde tenían el sexo: de este modo, cada vez que uno de estos seres encontrara a su otra mitad, de esa unión pudiera obtener placer y si además se trataba de un ser andrógino pudieran tener descendencia.

Desde entonces los seres humanos nos vemos condenados a buscar entre nuestros semejantes a nuestra media naranja con la que unirnos en abrazos que nos hagan más "completos". Sin embargo, Zeus amenazó con cortarnos de nuevo en dos mitades -para que, así, caminemos dando saltos sobre una sola pierna-, en caso de que la raza humana no aprenda a respetar sus propios límites y a superar su peligrosa arrogancia.

 
Escrito por Romina Giuffré    Viernes, 23 de Abril de 2010 00:21    PDF Imprimir E-mail
Lluvia de despedida

Sentada en mi sillón disfruto de una tormenta perfecta, miro como cae la lluvia y te imagino, abrazándome tan fuerte como si el mundo fuera a terminarse y ya nada importara, excepto fundirme en tu cuerpo y unir nuestras almas.

Parece que el cielo fuera a deshacerse, enojado, porque existen los finales en historias que deberían ser eternas, tristes despedidas en lugar de tardes de complicidad, resignación en vez de esperanzas y un adiós entre nosotros.

Estoy en penumbras, sólo iluminada por los continuos relámpagos mientras el viento me acaricia y me traslada a aquellos días en el que podías tenerme abrazada durante horas. Así, sin pedir un beso o pronunciar una palabra, sólo por el hecho de tenerme tendida entre tus brazos un segundo más sabiendo que ése podía ser el definitivo.

Cada momento nos acercábamos más al desenlace de nuestra historia simplemente por no ser iguales. Un amor que vive en la clandestinidad es como una planta sin agua. Probablemente de una sola flor en su corta vida, pero será la más hermosa del mundo.

Revivo inconscientemente una y otra vez nuestro último beso, reíamos, nos abrazábamos, jugábamos y disfrutábamos más que nunca. Hacías planes, pero en mis adentros estaba segura que después de subirme a ese auto ya no habría próxima vez.

Las centellas se vuelven tenues y el murmullo del temporal me hace sentir el calor de tus labios en mi boca. Un ruido logra sacarme de mi sueño y me hace consiente de que esta sólo es una tormenta más. Una de las muchas que vendrán. La primera desde que no estás.

 
Escrito por Nerio Tello    Miércoles, 21 de Abril de 2010 23:30    PDF Imprimir E-mail
El bienestar del malestar

A los 31 años, Carolina Sborovsky ha demostrado que no pierde el tiempo. Egresada de la licenciatura en Letras de la UBA, ya ha recorrido los caminos del periodismo, es editora y acaba de publicar su primera novela: El bienestar.

Esta joven inquieta, oriunda de Concordia, Entre Ríos, se metió con cierta candidez y algo de ironía en los meandros de una generación, la suya, puesta a decidir su destino (si acaso cabe esta palabra tan ostentosa) en una ciudad cosmopolita, contradictoria, apasionada y variopinta como es la Buenos Aires del siglo XXI.

"Quise explorar el bienestar como mandato" dice. "La vergüenza y el clima de anestesia que viven los jóvenes de mi generación, al menos, los de esta ciudad". Sborovsky dice lo que dice sin solemnidad ni resentimiento, simplemente dice esto de su propio trabajo: "Siendo del interior me llamó la atención cierto discurso progre que da vueltas a mi alrededor, y junto a él (al discurso, claro) un cierto clima de anestesia, en el sentido literal. Qué tomar (en el sentido literal) para sentirme mejor: la homeopatía discutiendo con el rivotril, las drogas legales compitiendo con las terapias alternativas y las oficiales. Y toda esa jerga psi, imprecisa, errática…"

La protagonista de El bienestar tiene entre 25 y 30 años. Sborovsky anda cerca. Cualquiera podría caer en la tentación de confundir a la escritora con la narradora. Pero la narradora se expresa a través de un "diario íntimo", y no parece muy cerca de Sborovsky, más bien suena como contracara. Ella (la escritora Sborovsky) se transfigura para ser otra cosa, la chica anestesiada de la novela, que escribe casi compulsivamente sobre detalles nimios como si fueran trascendentales y que tapa la desdicha de su pareja deshecha con un batería de soluciones momentáneas, superficiales, inútiles. Hay psicoanalistas, un perro malcriado con necesidades sexuales insatisfechas –como la protagonista- y claro, veterinarios; hay ginecólogos interesados, espionaje de mails y, también, amoxidal, reliverán y una batería de sucedáneos de la calma.

Actualizado ( Viernes, 23 de Abril de 2010 11:19 )